Demasiada revelación

(¡Pregúntenle a la Mona Lisa)

Por John Hughes – Demasiada revelación (¡Pregúntenle a la Mona Lisa)

Documento original: Too much disclosure (just ask the Mona Lisa!) [29-04-2026]

La Comisionada de la SEC Hester Peirce recientemente pronunció un discurso titulado The Art and Science of Materiality. [El arte y la ciencia de la materialidad].

Ella ilustró el concepto general de la siguiente manera notable:

  • Permítanme hacerles esta pregunta: ¿Cómo describirían Uds. a la Mona Lisa a una persona que nunca la ha visto? ¿Un retrato de medio cuerpo de una mujer? ¿No necesitaría Ud. añadir que su sonrisa es leve y sus ojos parecen seguirlo a donde quiera que Ud. vaya? Pero, ¿esta descripción es suficiente para transmitir lo que la Mona Lisa es? Probablemente no. ¿Qué otra cosa necesitaría Ud. decir? Ud. puede querer revelar que el artista es Leonardo da Vinci. Quizás Ud. querría explicar que la mirada esta descentrada y que ella está de perfil de tres cuartos con la mano derecha apoyada sobre la izquierda. Ud. también necesitaría observar su parecido con las representaciones contemporáneas de la Virgen María. ¿Y qué hay en el fondo? ¿Un paisaje posiblemente imaginario que resultaba anómalo para los retratos de esa época? ¿Quizás Ud. quisiera mencionar las dimensiones modestas del retrato, un hecho que ha desconcertado a muchos visitantes del Louvre a lo largo de los años? Quizás también Ud. quisiera revelar que la persona pintada pueda ser Lisa del Giocondo, una mujer florentina de finales del siglo 15 y comienzos del 16. Podría continuar, pero Ud. entiende la idea. Describir un trabajo de arto requiere escoger que transmitir entre un enorme conjunto de datos. Es difícil saber cuándo Ud. ha descrito algo de la manera adecuada. E incluso si Ud. considera que ha descrito algo de la manera adecuada, su audiencia puede estar en desacuerdo.
  • En la SEC nos ocupamos de compañías públicas, no de pinturas, y de estados financieros, no de pinceladas. No obstante, encontramos el mismo problema. Nosotros les pedimos a las compañías públicas que se describan a sí mismas. Para describir una compañía uno podría decir una cantidad de cosas sobre ella, pero ¿cuál tipo de descripción captura de la manera adecuada la esencia de una compañía pública? Más precisamente, ¿qué debe la Comisión, como regulador, que las compañías revelen acerca de sí mismas?
  • Al asignarle a Ud. la tarea de describir la Mona Lisa, omití un detalle importante: no le dije a Ud. cuál sería su audiencia. Solo mencione que la persona a quien Ud. le estaría describiendo la pintura nunca la había visto. Ud. probablemente asumió que a Ud. se le estaba pidiendo que transmitiera la esencia de la pintura a una persona promedio con un interés ordinario en el arte. Su descripción puede haber cambiado si Ud. estuviera hablando a un historiador del arte que trabaja en un libro acerca del contexto cultural o craquelado, un archivista para quien habrían sido más interesantes los elementos especiales que necesitarían ser preservados, un lector del Da Vinci Code curioso acerca de lo que supuestamente oculta la pintura en lugar de lo que ve, o un activista climático que necesita información acerca de cómo apuntar mejor su sopa de calabaza hacia la pintura. Si Ud. quiere tener éxito en la misión de describir la Mona Lisa, Ud. necesita saber a quién le estará describiendo la pintura.  
  • De manera similar, si las compañías públicas están elaborando revelaciones, necesitan saber quién es la audiencia a la cual están dirigidas. Y la SEC, como creadora de las normas de revelación, también necesita saberlo. Solo entonces las revelaciones darán satisfacción a la necesidad de la audiencia. El Congreso hizo un mejor trabajo que el que yo hice cuando le asigne a Ud. la tarea de la Mona Lisa; el Congreso nos dijo a quien debían dirigirse las revelaciones de valores: a los inversionistas.

El punto central de este notable monólogo es que “los reguladores no deben sustituir su juicio por el de las compañías que de buena fe elaboran juicios de materialidad (y) no pueden eludir ese juicio especifico-de-la-compañía con reglas prescriptivas de un-tamaño-se-ajusta-a-todo sobre todo tipo de temas”. Pero uno puede admirar la elocuencia de Peirce (aunque sea ostentosa) sin dejar de considerar que la comparación sea un completo disparate. Es difícil pensar de muchas situaciones en las cuales uno necesitaría describir la Mona Lisa, más que simplemente dejar que alguien vea una reproducción para que, por sí mismos opinen, así como de situaciones de las que uno pueda pensar (una conversación con una persona invisible o uno entre dos náufragos abandonados) básicamente no importaría si la imagen evocada en la cabeza del receptor se desviara drásticamente de la realidad. Nada de esto aplica a la revelación corporativa: los inversionistas y otros stakeholders generalmente no tienen ninguna información acerca de la compañía más allá de la que ella les da, y si la impresión proporcionada por esa información es inexacta o engañosa, las repercusiones pueden ser graves.

Pierce recurre a las variantes habituales (podría uno decir) de la sopa de calabaza: “La revelación demandada por un subconjunto de inversionistas afecta los bolsillos de todos los inversionistas de la compañía. Los costos incluyen no solo el tiempo de abogados y contadores para preparar las revelaciones, sino también el tiempo y la atención del personal de la compañía dedicado a hacer seguimiento, verificar, y reportar la información, así como a los potenciales litigios y costos competitivos de elaborar la revelación. Las revelaciones obligadas pueden cambiar de manera sustancial cómo las corporaciones se comportan. También pueden empoderar personas que buscan hacerle daño a una corporación”.  Pero es evidente que la corporación promedio prominente en los Estados Unidos de hoy tiene mucho más que temer de la infraestructura legal y ética del país, que se erosiona rápidamente (a menudo impulsada por la propia y voraz dirección corporativa) que de los defensores demasiado entusiastas de algún capricho relacionado con la revelación de información. Si la promesa de la IA, que consume tanta energía, se ha de lograr en cualquier campo, la generación y el análisis de la revelación corporativa seria vista como un candidato obvio; es simplemente perverso que esta incrementada capacidad deba coincidir con una presión regulatoria para retener y revertir esa información. Suficiente, incluso, para borrar la sonrisa de la Mona Lisa…

Las opiniones expresadas son solamente las del autor.

Esta traducción no ha sido revisada ni aprobada por el autor.

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