Denuncias anónimas en la mira

[JOHN HUGHES] KPMG Australia ha puesto las denuncias anónimas en el punto de mira. Parece que quizás aún no haya terminado.

El propio término “whistleblower” me parece subóptimo, haciendo evocar la imagen de un funcionario que anuncia a cualquiera que esté al alcance del oído que algo notable ha ocurrido. Resulta justo plantear, a la luz de las anteriores cifras relativas, que una porción considerable de denuncias anónimas, tal y como ocurre con cualquier otra actividad humana, está basada en entendimiento equivocado, error, o motivos menos nobles (rencores, antipatías personales).

Parece apropiado señalar también que el funcionamiento efectivo de un ambiente corporativo inherentemente depende en algún grado de aceptar los preceptos y la estructura preexistentes: una cultura corporativa continuamente interrumpida por “whistles” [silbidos rápidamente se volverá disfuncional.

Todo lo anterior es solo para decir que es comprensible un cierto grado de cautela y ocasionales pasos equivocados en el tratar con quienes presentan denuncias anónimas.

Más sobre KPMG Australia

[JOHN HUGHES] A medida que las firmas de servicios profesionales navegan mayor escrutinio regulatorio y cambiantes expectativas del público, el mensaje es claro: la integridad y el gobierno no son gastos generales opcionales – son el fundamento del valor de empresa.

Es posible estar de acuerdo con todo ello y aun así pensar que hay algo surrealista en la profundidad y persistencia del escándalo. Después de todo, las firmas son tan enormes, complejas y extensas que difícilmente uno se puede sorprender si experimentan una corriente regular de pasos equivocados y decisiones subóptimas y se alejen de los estándares más altos.

Los sistemas de denuncias anónimas no pueden ser tratados como verificación de casillas del cumplimiento. El daño colateral tiene un costo alto. Restaurar la confianza requiere disrupción cultural.

Una firma que cae y cae

[JOHN HUGHES] El regulador corporativo de Australia dijo el viernes que había lanzado una investigación formal sobre tres socios de KPMG Australia vinculados a denuncias de un informante anónimo sobre el uso indebido que la firma de contabilidad hizo de datos confidenciales de clientes para ganar lucrativos contratos de auditoría.

Una máxima bien establecida es que no es el crimen el que te hunde, sino el encubrimiento.

Supongo que uno podría señalar que los hallazgos no se refieren directamente con la calidad del trabajo de auditoría de KPMG, y que a veces resulta tentador pensar que un pecador expuesto y apropiadamente reformado puede ser más confiable en el futuro que alguien que nunca ha cometido un error público de tal manera.

Pero dejando a un lado esos frágiles intentos de equilibro, hay algo bastante arrogante en apropiarse de información confidencial de los clientes en aras de una ventaja profesional más amplia.

Si bien el escándalo actual puede servir de advertencia contra la transgresión especifica, me temo que las presiones y desafíos bien documentados de la profesión de auditoria seguirán alimentando atajos internos y compromisos de diversa índole, independiente que salgan o no a la luz pública.