Una firma que cae y cae

[JOHN HUGHES] El regulador corporativo de Australia dijo el viernes que había lanzado una investigación formal sobre tres socios de KPMG Australia vinculados a denuncias de un informante anónimo sobre el uso indebido que la firma de contabilidad hizo de datos confidenciales de clientes para ganar lucrativos contratos de auditoría.

Una máxima bien establecida es que no es el crimen el que te hunde, sino el encubrimiento.

Supongo que uno podría señalar que los hallazgos no se refieren directamente con la calidad del trabajo de auditoría de KPMG, y que a veces resulta tentador pensar que un pecador expuesto y apropiadamente reformado puede ser más confiable en el futuro que alguien que nunca ha cometido un error público de tal manera.

Pero dejando a un lado esos frágiles intentos de equilibro, hay algo bastante arrogante en apropiarse de información confidencial de los clientes en aras de una ventaja profesional más amplia.

Si bien el escándalo actual puede servir de advertencia contra la transgresión especifica, me temo que las presiones y desafíos bien documentados de la profesión de auditoria seguirán alimentando atajos internos y compromisos de diversa índole, independiente que salgan o no a la luz pública.