¡Nací demasiado tarde!

Por John Hughes: Se acabó la buena vida, o: ¡Nací demasiado tarde!
Documento original: End of the gravy train, or: born too late![24-05-2026]
Louis Goss recientemente publicó un artículo titulado The end of the accountancy gravy train [Se acabó el negocio lucrativo de la contaduría].
Estos son algunos extractos:
- Ingresar a los niveles superiores de una de las “cuatro grandes” firmas se consideraba el momento en que un contador alcanzaba ese nivel.
- La perspectiva de volverse socio de PwC, Deloitte, KPMG o EY era la recompensa ultima de años de trabajo duro.
- Junto con el prestigio, los invitados a unirse a las filas de la élite tenían derecho a una parte de las utilidades de toda la firma, lo que a menudo significaba pagos de hasta £1m [un millón de libras esterlinas] al año.
- Las sociedades de contadores ofrecían una sólida seguridad laboral, significando ello que quienes eran seleccionados usualmente podrían esperar pasar décadas en la cima, siempre y cuando lograran mantenerse alejados de cualquier problema grave.
- Como una ventaja adicional, después de jubilarse los anteriores socios a menudo podían acceder a lucrativos puestos de director no-ejecutivo [non-executive director (NED) en las juntas de compañías importantes.
- Este camino claro hacia la asociación por décadas ayudó a motivar a un gran número de contadores ambiciosos a dedicar las largas horas requeridas para llegar a la cima y cosechar esas codiciadas recompensas.
- Sin embargo, el atractivo de las sociedades de las cuatro grandes está comenzando a perder su brillo.
- Lo que antes era un camino seguro hacia una vida de riqueza puede que ya no lo sea.
El artículo cita, entre otras cosas, la dificultad incrementada para convertirse en un socio asalariado, la incrementada centralización que hace que muchos socios se sientan como empleados corporativos (“la camaradería de los viejos días desapareció], los plazos de asociación más cortos modifican el cálculo, el hecho de que los anteriores contadores crecientemente pierden más oportunidades para acceder a puestos de director no-ejecutivo, “los gigantes de la contaduría llegando a los límites de su crecimiento, las enormes presiones regulatorias y la ‘creciente complejidad y engorro internos’ han limitado las oportunidades”, y esto: “La priorización de las utilidades en lugar del ‘impacto en la sociedad’ también ha tenido un impacto psicológico en muchos socios de las cuatro grandes, dice (un entrevistado), añadiendo que algunos han perdido la fe en el valor de su trabajo. en la medida en que la ‘percepción del público’ también ha comenzado a volverse en contra de las firmas”. Curiosamente, este artículo en particular no menciona el impacto de la IA excepto de pasada, pero por supuesto ha sido citado en otro lugar como un factor negativo, que agrava todas las incertidumbres existentes, y enturbia el camino por el que incluso un profesional ambicioso podría llegar a la cima.
Sería difícil pasar por alto el sesgo predominantemente materialista del artículo de Goss, el énfasis puesto en maximizar la longevidad de los ingresos-ganancias en los niveles más altos. Ello puede parecer suficientemente razonable, pero para la mayoría de las personas en otros ámbitos de la vida, las ganancias anuales en millones típicamente no sería alcanzable, cualquiera que sea la calidad de su experiencia y habilidades. Quizás los contadores estén predispuestos a hacer comparaciones ambiciosas (con ejecutivos principales o los que están en otras áreas de las grandes finanzas) a causa de lo que están expuestos y, quizás, los contadores también deben ser mejor capaces que la mayoría para poner números brutos de efectivo en el contexto apropiado (¿Cómo se pueden abordar los activos intangibles en un contexto corporativo, por ejemplo, si uno los ignora en su propia vida…). Es decir, tal vez centrarse en subirse al vagón más lujoso disponible en el “el tren de la fortuna” no sea, en primer lugar, la manera más grata de vivir.
En ese sentido, el artículo claramente está omitiendo cualquier sugerencia de que a pesar de todos los problemas anotados, la contaduría profesional podría en sí misma una manera satisfactoria de dedicar la vida laboral propia. Tal y como se citó arriba, hay una referencia breve a cómo el “impacto en la sociedad” puede importar menos a las firmas que antes, pero el articulo no considera históricamente cuál ha sido ese impacto, o cuál es ahora, o cuál puede ser en el futuro. No hace mucho tiempo, parecía posible que la nueva área de la presentación de reportes de sostenibilidad pudiera atraer muchas personas que, de otro modo, se habrían dedicado a la tradicional presentación de reportes financieros; es posible que ese impulso se haya estancado un poco debido a la lentitud de los organismos reguladores y al cambio en el centro de atención del mercado, pero el área permanece siendo una de cambiante impacto potencial. Sin embargo, de manera más amplia, no es difícil ver como la creciente naturaleza técnica de la presentación de reportes financiero y la carga relacionada de cumplimiento puedan reducir crecientemente el espacio en el cual un profesional en ejercicio pueda desarrollar un sentido de auto-expresión inteligentemente aplicada, en la cual un contador bien pagado pueda correlacionarse con un floreciente sentido de propósito.
El artículo de Goss cita a un anterior socio de Deloitte (quien) dijo que “el implacable centro de atención puesto en las utilidades por socio haya causado que las firmas se vuelvan ‘mucho más cortoplacistas’, dado que los socios han girado ‘hacia maximizar sus ganancias personales en un plazo más corto”, y que “esta miopía ha limitado ‘su capacidad para responder a los cambios en el mercado’, puesto que los socios buscan ganancias rápidas en lugar de crecimiento en el largo plazo”. Bien, uno siempre tiene que tener cuidado en dar demasiada importancia al testimonio personal no-representativo, incluso si el articulo solo identifica una tendencia dentro de las grandes firmas de contabilidad, sugiere que el “tren de la buena vida” en su forma actual realmente no merece seguir funcionando…
Las opiniones expresadas son solamente las del autor.
Esta traducción no ha sido revisada ni aprobada por el autor.

Gracias Samuel por compartir. Hughes describe bien los síntomas, pero hay un diagnóstico más estructural que el artículo no nombra: el modelo de negocio de las Big Four dependió durante décadas de un subsidio normativo implícito, auditoría obligatoria, requerimientos regulatorios crecientes, habilitaciones exclusivas, que garantizaba demanda cautiva casi con independencia de la propuesta de valor real.
Hughes pone el dedo en una llaga que venimos señalando desde hace tiempo: ese subsidio está llegando a su límite. No porque la regulación haya disminuido, sino porque el volumen normativo ya no se traduce automáticamente en rentabilidad por socio. La carga creció, pero también los costos internos y la presión supervisora. Los márgenes se comprimen justo cuando el pipeline (como lo definiste en otros de tus blogs) de quienes estarían dispuestos a sostener ese esfuerzo se adelgaza.
Y aquí está el nudo real: no es solo que el camino hacia el partnership sea más largo y menos lucrativo. Es que cada vez hay menos profesionales convencidos de que vale la pena recorrerlo. Cuando el propósito se diluye en métricas de corto plazo, la firma pierde exactamente al perfil que más necesita: alguien con vocación técnica, visión de largo plazo y genuino interés en el impacto de su trabajo.
La crisis del pipeline no es un problema de compensación. Es un problema de modelo y de narrativa profesional al mismo tiempo.
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